lunes, 29 de octubre de 2012

blog El millonario pobre

blog Conoce a Nicolás Berggruen, un supermillonario que no tiene casa. Si leiste bien. Nicholas tiene miles de millones, pero ni siquiera tiene una casa propia (Vive en hoteles), ya que ha perdido todo interés en la adquisición de cosas

Después de hacer una fortuna estimada en 3.000 millones de dolares, la cuál amasó a través de inversiones en el mundo financiero. Ahora este hombre de 46 años, está cambiando su enfoque a una estrategia nueva y más desinteresada: Está invirtiendo en el mundo real, incluyendo cultivos de arroz en Camboya, molinos de viento en Turquía, plantas de etanol en Oregon y construcciones en ciudades pobres del mundo.

Berggruen ha perdido todo interés en la compra de cosas. No le satisfacen y de hecho se ha convertido en algo así como una carga. Hace planes para dejar su fortuna a la caridad y su colección de arte a un nuevo museo en Berlín.

Después de amasar una fortuna y comprar los trofeos usuales del éxito (una mansión en una isla privada en Florida y un apartamento de lujo en Nueva York), el inversionista está reduciendo sus posesiones materiales, dando todo lo que tiene. Ya a vendido sus propiedades, ahora vive en hoteles y está a punto de vender el único vehículo que posee.


El cambio gradual, la transformación de Berggruen se produce después de una vida llena de excentricidades. Hijo del coleccionista alemán de arte Heinz Berggruen, Nicolas creció en Francia y Suiza con la esperanza de convertirse en escritor. Estudió a Albert Camus, Jean- Paul Sartre y otros existencialistas y se rebeló contra su educacion privilegiada. A los 17 años se fue a estudiar a Nueva York. Después de graduarse, empezó a invertir en acciones, bonos y fondos de capital privado.

Pronto, empezó a acumular millones, especialmente a través de la compra de empresas en problemas que reorganizaba y luego vendía embolsandose generosas ganancias.

Sus hábitos personales son legendarios entre amigos y colegas. Trabaja de 12 a 14 horas al día. Muy pocas veces visita sus oficinas alrededor del mundo y prefiere trabajar en habitaciones de hoteles y restaurantes. Cuando está en Nueva York, hace la mayoría de su trabajo en su BlackBerry mientras camina por el Central Park. Para Berggruen, el chocolate pertecene al grupo de los alimentos básicos.

Durante el día, tiene solo dos comidas, una de ellas normalmente consiste en un pastel de chocolate. Su mayor capricho es un avión Gulfstream IV, con el cuál registró el año pasado 250 horas de vuelo a través de 80 ciudades.

Su cambio a la inversión socialmente responsable, fue gradual. Cuando los precios del petróleo empezaron a subir hace unos años, se fijó en fuentes alternativas de energía. Compró la planta de etanol Cascade Grain, en Port Westward, Oregon, la más grande de la costa oeste de Estados Unidos.

Después de sus inversiones en el sector de alimentos, Berggruen se dio cuenta de cómo varios problemas sociales similares podrían resolverse, o al menos ser abordados, a través de la inversión.
'El gobierno no estaba resolviendo estos problemas, así que el mercado tiene que intervenir'.
Uno de esos problemas es la pobreza en áreas urbanas. Así que Berggruen empezó a invertir en proyectos dirigidos a revivir ciudades en decadencia. Actualmente ha lanzado iniciativas de urbanización en Newark, (Nueva Jersey), India, Turquía e Israel.


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